Para generar una cultura de convivencia es necesario contar con planes vertebradores, establecer códigos de convivencia, programas específicos, definir procedimientos, etc. teniendo en cuenta que en esos planes, programas y actividades deben funcionar de forma conjunta currículum, acompañamiento y formación, y medidas organizativas.

Plan de Convivencia Escolar del Centro

La prevención se puede englobar bajo las líneas de actuación marcadas en el Plan de convivencia Escolar de Centro, que orienta los procedimientos encaminados a conseguir un clima adecuado que prime lo educativo sobre lo meramente punitivo.

En su puesta en práctica resulta fundamental:

  • La actualización y la difusión del Plan y las normas de convivencia a toda la comunidad educativa, que es vital para su buen funcionamiento, donde una cultura de paz, convivencia y valores sea una máxima para todos.
  • El seguimiento y evaluación anual del Plan, de acuerdo con indicadores, responsables y temporalizaciones que contribuyan de forma eficaz a la prevención de la violencia y la discriminación, y así poder reestructurar y actuar en consecuencia, en caso necesario.

El Plan deberá contemplar las normas de convivencia y conducta, las medidas correctoras en caso de incumplimiento, y los derechos y deberes de los alumnos, además de las actividades curriculares, medidas organizativas o el modelo de resolución de conflictos por el que haya optado el centro.

Escuelas Católicas ofrece una Guía para la promoción y mejora de la convivencia que contiene un amplio conjunto de herramientas autogestionables para la formación del profesorado a la luz del carisma y el proyecto educativo de cada entidad titular.

Plan de Acción Tutorial

Los modelos disciplinarios se muestran insuficientes para dar respuesta a la violencia escolar, al contrario de los modelos asertivos que, con su enfoque, generan climas saludables.

El Plan de Acción Tutorial es una oportunidad para continuar desarrollando las competencias socioemocionales de los alumnos en función de su momento evolutivo y de una lectura del contexto cercano y global.

Ha de contar con el asesoramiento y apoyo del Departamento de Orientación y Pastoral del centro, para que exista un plan estratégico a cinco años y con revisiones anuales que permitan una atención estructurada y eficaz.

Deben incluirse los planes de formación y coordinación necesarios para que se pueda entrenar a la comunidad educativa en el dominio de habilidades sociales como la asertividad, la empatía, etc.

Plan de Pastoral

Dentro del Plan de Pastoral e incidiendo en el cultivo de unas actitudes que contribuyan al aprendizaje de la ética del cuidado y a la corresponsabilidad por crear ambientes saludables, se ha de contemplar como uno de los ejes principales el desarrollo de la competencia espiritual y la conciencia moral, en coordinación con otros planes y actividades basado en:

  • Una educación emocional que ayude a identificar, nombrar y gestionar las emociones propias y de terceros.
  • Una educación ética que posibilite la identificación de valores y criterios que contribuyan al desarrollo personal y social.
  • Una educación espiritual que integre todo ello en un proyecto personal y que tenga sus implicaciones en una adecuada construcción de una sociedad acogedora y respetuosa.

Se trata de educar el carácter (la sensibilidad, la conciencia y las virtudes-fortalezas personales), no de una mera transmisión de contenidos axiológicos.

Por ello, el aprendizaje debe ser significativo, desde la experiencia, con resolución de problemas reales o hipotéticos cercanos al alumno y adaptados a su momento evolutivo.

La religión cristiana, como el resto de religiones, nos ofrece una rica variedad de modelos (testigos de vida realizada y comprometida), así como relatos que pueden contribuir al desarrollo de estas dimensiones.

La prevención también consiste en informar y sensibilizar a los alumnos sobre los derechos inherentes a todas las personas y las consecuencias legales de realizar actos contrarios a los mismos. Además, cada vez se hace más necesario elaborar códigos de buena conducta o buenas prácticas en los que se establezcan las pautas de comportamiento necesarias para el buen desarrollo de la misión educativa.

Consecuencias jurídicas

A lo ya expuesto en el punto anterior para evitar y detectar situaciones conflictivas, se debe añadir que, desde el punto de vista jurídico, la prevención también consiste en informar y sensibilizar a los alumnos sobre los derechos inherentes a todas las personas y las consecuencias legales de realizar actos contrarios a los mismos.

El desconocimiento de que lo que está haciendo es “malo” o puede llegar a ser un delito (con diferentes consecuencias en función de la edad de los menores), la sensación de anonimato e impunidad que proporciona Internet o la creencia de que por ser menores no les va a pasar nada, hace necesario llevar a cabo acciones preventivas, especialmente con relación a la privacidad y la protección de datos.

Por otro lado, cuando el menor facilita a terceras personas datos personales suyos o de su entorno familiar, existe la posibilidad de que sean utilizados con fines ilícitos en perjuicio de su propia intimidad. Deben tener por ello pautas claras para poder valorar la intimidad y la privacidad de su familia: reflexionar sobre los datos personales que comparten, decidir quiénes tienen acceso a ellos y determinar qué situaciones no previstas pueden suponer un riesgo (robo del móvil, etc.). Es preciso hacer ver al menor que cuando las personas intercambian su número de teléfono o cualquier dato personal, lo hacen con la finalidad de mantener contacto mutuo y nunca deben utilizar estos datos para dañar a otra persona, así como tampoco deben ceder información o datos personales de terceros.

La Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, que modifica de manera importante el Código Penal, ha reforzado el principio del interés superior del menor. Dispensa una mayor protección a las víctimas de delitos relacionados con la protección de datos de carácter personal, especialmente si se trata de menores, y ha introducido algunas novedades que afectan a la tipificación de los delitos en los que se puede incurrir en los casos de ciberacoso.

Para llevar a cabo esta acción preventiva, los centros tienen a su disposición el Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad en los centros educativos y sus entornos.

El número de delitos que pueden cometer los menores, y que deberían conocer, es variado e incluiría, por ejemplo:

  • Delitos de amenazas: cuando se amenaza a una persona, a alguien de su familia o a alguien con el que esté íntimamente relacionado, para causarle un mal, revelar o difundir hechos referentes a la vida privada o relaciones familiares que no sean públicamente conocidos y puedan afectar a su fama, crédito o interés.
  • Delitos de acoso (coacciones): cuando una persona lleva a cabo de forma insistente y reiterada, sin estar legítimamente autorizado, de manera que altere gravemente el desarrollo de su vida cotidiana, entre otras las siguientes acciones:
    • Vigilancia, persecución o búsqueda de cercanía física.
    • Establecimiento o intento de establecer contacto con la persona acosada a través de cualquier medio de comunicación.
    • Adquisición de productos, contratación de servicios o hacer que terceros se pongan en contacto con la persona acosada mediante el uso indebido de sus datos personales.
    • Atentar contra su libertad.
  • Delito contra la integridad moral: cuando se infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral.
  • Delito de calumnias: achacar a una persona la comisión de un delito sabiendo que no es cierto.
  • Delito de injurias: humillar, insultar, ofender a un tercero de manera que lesione su dignidad, menoscabando su fama o atentando contra la propia estima.
  • Delitos de descubrimiento y revelación de secretos: sin autorización de la persona afectada, difundir, revelar o ceder a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquella que hubiera obtenido con su anuencia en un domicilio o en cualquier lugar fuera del alcance de la mirada de terceros, cuando la divulgación menoscabe gravemente la intimidad personal de esa persona.
  • Delito de inducción al suicidio.
  • Delitos contra la libertad y la identidad sexual: se pueden cometer utilizando Internet y la información personal como medios para consumarlos.
  • Delitos relativos a la intromisión en la intimidad.
  • Delitos contra la propiedad intelectual.
  • Delitos contra la propiedad industrial.
  • Apología del terrorismo.
  • Incitación al odio y a la violencia.
  • Delitos de odio.

Buenas prácticas

Las entidades titulares están viendo, cada vez más, la necesidad de elaborar documentos en los que se establezca, de una forma clara, las pautas de comportamiento necesarias para el buen desarrollo de la misión educativa de los educadores que forman parte de su institución.

El respeto a la dignidad de las personas y a su desarrollo integral, así como la proyección exterior de la labor docente del centro y de su propia identidad, exige tener presentes estas normas que ayudan a proceder de un modo  adecuado con la labor que se desarrolla en el colegio.

Todos los que participan de alguna manera en la labor docente que desarrolla el centro deben ser conscientes de que desempeñan un papel profesional e institucional, y que aquellos con quienes tratan confían en su buena intención y profesionalidad, lo que conlleva una gran responsabilidad y la necesidad de una actuación acorde a dicha confianza.

En este sentido, el Código de Buena Conducta se configura como:

  • Un documento de carácter positivo, que presenta lo que caracteriza a los educadores de un centro de ideario católico, con una identidad, carácter propio y proyecto educativo determinados.
  • Un documento que pretende ofrecer seguridad y claridad a todos los que realizan alguna función en el centro, evitando malentendidos y conflictos con las familias, los alumnos, los compañeros de trabajo o la titularidad.

En relación con la Guía que nos ocupa, los educadores deben conocer, entre otros aspectos, el Protocolo de Actuación ante situaciones de acoso escolar elaborado por el centro, así como su obligado cumplimiento desde el punto de vista laboral. Por tanto, la elaboración del Protocolo y su vinculación con el código de conducta tienen una importante función preventiva de este tipo de situaciones y de las posibles responsabilidades que pudieran exigirse.

La prevención también es uno de los aspectos básicos de la comunicación en situaciones de crisis. Tener previamente un plan de actuación de crisis al que poder acudir cuando estalle la emergencia será clave para hacer frente a su gestión de manera eficaz.

Pautas para gestión de crisis

La prevención también es uno de los aspectos básicos de la comunicación de situaciones de crisis. Tener previamente un plan de actuación al que poder acudir cuando estalle la emergencia será clave para hacer frente a su gestión de manera eficaz. No podemos permitir que una crisis nos coja desprevenidos. Una vez que estalle, si no se han trabajado con antelación, será difícil dar una respuesta adecuada y lo más rápida posible, dos requisitos imprescindibles.

Es aconsejable por tanto contar con un Plan de Comunicación de Crisis, que no es otra cosa que un documento de trabajo en el que de forma metódica, clara y exacta, se detallan las posibles crisis a las que nos podemos enfrentar. Contiene además pautas y principios generales para gestionar cualquiera de esas situaciones desde el punto de vista de la comunicación. Es muy importante para proteger la imagen y  reputación de nuestro centro y, si estamos preparados, podremos ganar tiempo y ayudar a reducir los efectos negativos.

Un buen Plan de Comunicación de Crisis evitará caer en un estado de confusión e indecisión; servirá para guiar al personal acerca de lo que tiene que hacer y decir en momentos de emergencia; y permitirá abordar los sucesos imprevistos de un modo más sereno y tranquilo.

En él debemos incluir:

  • Objetivos.
  • Crisis potenciales y escenarios en los que somos más vulnerables.
  • Nuestros públicos.
  • Nombre del portavoz.
  • Nombre de los miembros del Comité de Crisis.
  • Recursos internos: medios disponibles.
  • Recursos externos: organismos oficiales, asociaciones, otros centros de la institución, expertos… a los que poder acudir.
  • Medios de comunicación: lista de medios, de periodistas, correos electrónicos y teléfonos a los que poder enviar nuestras comunicaciones…
  • Referencias a crisis pasadas.
  • Evaluación del funcionamiento (simulacros).

Además de todo esto y como parte nuclear de nuestro Plan, trabajaremos el diseño de una potente estrategia de contenidos de calidad que fundamentalmente evite el descontrol de los mensajes, especialmente en los primeros momentos. Se pueden tener materiales preparados e información actualizada de las acciones del colegio relacionadas con las crisis potenciales (Plan de Convivencia, planes de evacuación, jornadas de hábitos saludables, planes de mediación, etc.). Es bueno también observar, en esta fase de prevención, cómo han actuado otros centros en situaciones parecidas, aprender de los errores y copiar los aciertos (mensajes que se han transmitido, cómo se ha comunicado a las familias y a los medios, cómo se han trabajado las tutorías…).

En resumen, se trata de adelantarse a los posibles escenarios y elaborar estrategias de comunicación que nos permitan, ante el estallido de una crisis, saber qué hacer, cómo hacerlo (incluidas las intervenciones ante los medios de comunicación), y cuáles serán nuestros mensajes claves.

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