Pronunciar este lema casi duele. Y que sea el lema del XVIII Congreso de Escuelas Católicas casi suena a herejía. Pero es que hemos repetido tantas veces aquello de que la educación lo transforma todo que se ha vuelto un mantra incuestionable, un mantra que en el fondo nos está haciendo daño a todos. Y precisamente por eso surge este congreso.
“La educación no cambia el mundo” es un lema elegido después de un proceso creativo y de pensamiento compartido que no pretende ser una provocación vacía simplemente marketiniana para llamar la atención. Es una invitación apofática.
La teología apofática habla de Dios diciendo lo que no es. Se acerca al Misterio por negación. No afirma; despoja. No define; limpia. Y de ahí nació una propuesta que quería indagar en la posibilidad de aplicar lo apofático a nuestro ámbito educativo católico. Nos preguntamos qué pasaría si en lugar de volver a definir qué es la educación, empezáramos a pensar en lo que no es.
Curiosamente, cuando comenzamos a testar si el lema funcionaba nos dimos cuenta de que la gente no leía el no, con lo cual se quedaban con la idea preconcebida: “la educación cambia el mundo”. Comprobar lo arraigado que está el mantra nos llevó a confirmar que la vía de la negación no solo era oportuna sino necesaria.
Porque la educación:
No es una varita mágica.
No es un eslogan.
No es un salvavidas automático.
No es una política pública que por sí sola cure desigualdades estructurales.
No es un aula pintada de colores.
No es un dispositivo tecnológico, permitido o prohibido.
No es innovación vacua.
No es una metodología con nombre en inglés.
No es una sucesión de reformas legislativas.
No es el ungüento milagroso que cura todos los males de la sociedad…
La educación está cargada de expectativas desmedidas que provocan el cansancio, a menudo la extenuación, de quienes llevan años intentando sostener el creciente peso de lo encomendado mientras lidian cada día con realidades complejas. Sin embargo, si aliviamos esa carga, aparece algo más honesto, más humano, más verdadero.
El próximo Congreso de Escuelas Católicas quiere indagar en esa esperanza que se cuela entre las rendijas, no desde la ingenuidad, sino desde la confianza en la importancia de la educación, desde la creencia firme en los valores que transmite y desde la convicción clara de que hay cosas que sí puede hacer.
Por eso durante el congreso queremos preguntarnos qué estamos pidiendo a la educación que en realidad corresponde a la política, a la economía, a la cultura, a la familia, y a cada miembro de la sociedad; qué frustraciones nacen de expectativas mal colocadas; qué queda cuando eliminamos lo que sobra.
Estamos seguros de que en las respuestas nos reencontraremos con lo que sí somos. Porque la educación no cambia el mundo, pero cambia miradas, cambia conversaciones, cambia posibilidades y a veces, solo a veces, eso termina tocando el mundo.
En este nuevo congreso que pretende reunir a más de 2.000 profesionales de la enseñanza durante tres días en el Hotel Auditorium de Madrid, entre el 26 y el 28 de noviembre de 2026, no vamos a buscar recetas de cenas rápidas, no vamos a prometer cambios revolucionarios, ni vamos a inventar la rueda. Pero sí vamos a pensar juntos, a cuestionar nuestras propias certezas y a sostener preguntas incómodas. Vamos a reconocer nuestros límites para calmar el alma y a disfrutar del camino de lo que sí podemos ser y hacer.
Segura de que merecerá la pena y la alegría, os espero en este nuevo congreso que quiere ser espacio de negación fértil, de pensamiento honesto y de esperanza lúcida.
Victoria Moya Segura
Directora del XVIII Congreso de Escuelas Católicas
“La educación no cambia el mundo”