Últimamente estoy leyendo por distintas fuentes o encontrándome en sitios diversos (¡hasta en Roma!), artículos o eventos que trabajan la idea del propósito. Creo, quizá me equivoque, que estamos asistiendo al nacimiento de un mantra para algunos años, y que luego será sustituido por otro. Empresas con propósito, universidades con propósito… y ya si lo dices en inglés, “purpose”, pues of course, que queda mucho mejor. Pero vamos, la “misión” de toda la vida.
Algunos afirman que en el ámbito de las empresas se está apuntando una redefinición, quizá muy lenta, de cómo se las valora. Ya no se valorarían únicamente por lo que producen o por los resultados financieros que obtienen, sino por el impacto positivo que generan en las personas, en el entorno y, por ejemplo, en la protección del medio ambiente. Todo esto quizá con matices, pues no todas las empresas tienen ni el mismo tamaño, ni la misma visibilidad, ni la misma capacidad de destinar recursos al campo de la responsabilidad social, etc. Pero al menos, sí podemos ver según algunos, que es un tema que está vivo.
El propósito corporativo según muchos expertos se convertiría en un eje estratégico y una de sus expresiones sería la capacidad de movilizar a los empleados hacia objetivos comunes con impacto social y ambiental como muestra clara de liderazgo transformador. Es claro que no todo se mide en cifras y cada vez más las organizaciones son conscientes de ello. Un fruto de esta dimensión son los programas de voluntariado corporativo que no solo enriquecen a los que participan en ellos, sino que además fortalecen la cultura corporativa y el compromiso interno (lo que algunos dirían “engagement”…).
Las empresas que integran estos valores en su estrategia están mejor posicionadas para atraer talento, generar confianza y construir relaciones duraderas con sus grupos de interés. El voluntariado corporativo pertenece a esa categoría de iniciativas que, más allá de los balances financieros, reflejan el verdadero compromiso de una organización con su entorno. ¿O quizá no?, ¿o quizá sea un discurso de intención más que de realidad? Habría que pensar…
Con demasiada facilidad se escucha en escuelas de negocio que, cuando una empresa impulsa que sus profesionales dediquen tiempo y energía a proyectos con impacto social, está fomentando una cultura corporativa con implicación real. Esos mismos teóricos afirman que fortalece el sentido de pertenencia, el orgullo de formar parte de la empresa y que permite crecer un vínculo emocional que trasciende lo laboral. Y me atrevo a seguir dudando… ¿seguro?
Más del 93% de las organizaciones confían en que su programa de voluntariado crecerá en los próximos años consolidándose como pilar estructural de su estrategia social y de gestión del talento. Este impulso responde a un cambio de paradigma pasando de entender el voluntariado como una acción aislada, a convertirse en una palanca de transformación cultural y social dentro de la empresa.
Estas conclusiones se desprenden del “Informe Voluntare 2025”, presentado con motivo del Día Internacional del Voluntariado que se celebró el pasado 5 de diciembre. El análisis, realizado en colaboración con la Universidad de Almería, y con el apoyo de Voluntariado CaixaBank, Fundación Repsol y Fundación Telefónica, recoge información de 236 organizaciones de Europa y Latinoamérica, y se publica en vísperas del lanzamiento de 2026 como Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo de Naciones Unidas.
La tercera edición del informe, que se realiza con carácter quinquenal desde 2015, analiza cómo ha evolucionado la participación de los empleados en el voluntariado corporativo. Del estudio se desprende el crecimiento en los diez últimos años: el 77% de las organizaciones moviliza a más del 10% de su plantilla (frente al 29% de las organizaciones que lograban esta movilización en la consulta anterior). Además, el 45% de las empresas moviliza al 20% de sus empleados, lo que se traduce en que en casi la mitad de las empresas uno de cada cinco trabajadores participa en acciones de voluntariado corporativo. El 97% de las empresas ya ofrecen actividades de voluntariado en horario laboral… ¡ah! ¿y siendo en horario laboral esas son las tasas de participación?… entonces no me encaja el dato con la hipótesis.
Si hablamos de voluntariado como estrategia global y resulta que en horario laboral participa el 10%, me atrevo a decir ¡solo el 10%!, entonces me induce a pensar que los datos habría que leerlos de otro modo. Es increíble que con los mismos datos podamos tantas veces sostener afirmaciones tan divergentes.
Para mí es un poco ¿triste? pensar en un voluntariado en horario laboral donde solo el 10% de la plantilla participe y se implique. Quizá no se pueda extrapolar, o quizá se debiera, no lo sé… pero me encaja cuando oigo a responsables, titulares, directores de colegio, añorar los perfiles de religiosos y docentes de hace un tiempo donde su compromiso por la misión del colegio, su “engagement”, aunque no sabían que existía el palabro, era tal que permitía desplegar actividades sin recursos económicos, aperturas de horas de patio, sábados abiertos para acoger en los campos de deporte a todos, apoyo escolar a los que lo necesitaban (todavía recuerdo en mi colegio Salesiano del Paseo Extremadura a Don José Riesco, sdb haciendo las clases extras y las clases de repaso antes de exámenes… donde siempre uno de esos ejercicios caía en el examen…), y todo lo que hoy sigue siendo necesario aunque no se pueda retribuir.
Sin duda que hay que profesionalizar, sistematizar, retribuir el trabajo… pero también es cierto que, si esperamos a que todo entre por esa puerta muchas cosas de nuestros centros, que han sido y son bandera y diferenciación y calidad y pastoral, se quedarán fuera. ¡Esos datos que algunos exponen satisfechos a mí me suenan tan insuficientes! Porque si eso es en horario laboral, madre mía que será en el resto.
Y nos pasa cuando en los centros hay problemas para aceptar un cargo o responsabilidad, o cuando se solicita extender una actividad fuera de horario, o cuando… ¿tienes ejemplos? Seguro que sí. Me resulta increíble hablar de “propósito”, de misión, de sentido, y luego ver cómo demasiado rápido parece que se extiende la percepción del horario como modo de medirlo todo, y si es en jornada continua… mejor.
Tenemos en nuestros colegios y patios todo lo necesario para desplegar una misión que incluye nuestra acción docente y pastoral, pero que no se agota en un cuadro horario. Pide, si no exige, un compromiso para poder mirar la realidad, mirar al niño o joven que lo necesita, dedicar un tiempo que no está en ninguna programación ni queda registrado. Pide, si no exige, pasar tiempo en patios y polideportivos, y tenerlos abiertos, sábados también, para que haya un lugar seguro y de protección donde encontrarse, jugar, crecer. Pide, si no exige, un modelo de relaciones y esquemas educativos que no caben solo en palabras necesarias como “profesionalizar”, “horario”, “jornada”, “conciliación”, sino que demandan y añoran palabras como “compromiso”, “entrega”, “acompañamiento”, “vocación” …
Percibo, con cierta pena (me hago mayor sin duda) que ahora en demasiadas conversaciones oigo las mismas palabras y añoro tanto otras. Pero quizá sean cosas de viejo, prematuro… o no.
Javier Poveda
Director del Departamento de Administración y Cooperación de Escuelas Católicas