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Cooperacion

Testimonios y Oraciones

Video Isabel Solá (RR Jesús- María)

Miguel Aristondo Saracibar (Hermanos Menesianos)

Buenos días:

Soy Miguel Aristondo, provincial de los Hermanos de la Instrucción Cristiana de Ploërmel (Hermanos Menesianos) de España, Chile y Bolivia.

En nuestra Congregación la obra de Haití es bastante antigua y con ocasión del terremoto se han sufrido además de la pérdida de la vida de dos Hermanos, gravísimos daños materiales. También han fallecido algunos profesores y alumnos de los centros.

Aunque no es un sector que dependa directamente de nuestra provincia les remito el resumen de la información que hemos recopilado.

También hay un video de unos 5 minutos que hemos preparado para sensibilización de las familias, educadores y alumnos de los centros de España que está en youtube y pueden verlo. Basta poner en el buscador las palabras "Menesianos Haití" y aparece. Por si tienen problemas para visionarlo le pongo también la dirección web del mismo: También disponemos de él como archivo grabado pero no puedo enviárselo ya que ocupa unos 23.000 kbt. Si es necesario podemos hacerlo llegar de otra forma.

La dirección es: http://www.youtube.com/watch?v=0ONrU6nMG2A

Les envío en un archivo un resumen de la información. Si es posible gestionar algún tipo de ayuda sería muy necesario ya que como congregación no podemos hacer frente a toda la reconstrucción necesaria.

Estamos solicitando ayuda y colaboración a familias y organismos para coordinarlo con a través de la Casa General de Roma y poder encauzarlo.

Gracias

Atentamente

Hno. Miguel Aristondo Saracibar

 

La segunda parte del terremoto: el hambre

Hola a todos,

Estoy un poco aturdida, cansada y triste pero voy a intentar escribir algo porque sois tantos los que me estáis apoyando en este momento que es lo menos que puedo hacer.

Hemos vuelto a Gros Morne a descansar porque estamos muy cansadas creo que cada vez aguantamos menos bueno, yo menos que Jackie y Britany, me parece.
Todo esto es tan dantesco que sé que tardare años en digerirlo pero pido que algo bueno salga de esta catástrofe, no sé qué, no entiendo por qué... pero necesito tener un agujerito de esperanza para poder seguir viviendo despues de todo lo pasado hasta ahora.

Al principio fue el encuentro con la muerte cruda y dura, después los heridos, ahora somos los supervivientes refugiados, y todas las consecuencias que va trayendo un terremoto. Nunca se piensa en ello hasta que te toca en tu carne.

Necesito seguir vislumbrando por donde seguir, estoy perdida, como tanta gente, sin casa, sin comunidad. Eso es lo que me hace sentir más cerca de ellos, que estoy pasando lo mismo, aunque sin que me hayan cortado una pierna, y sin haber perdido a nadie de mi propia comunidad.

Hay comunidades religiosas que han sido golpeadas duramente. Las Hijas de María han perdido a 26 hermanas, incluido el Consejo General, los Salesianos a tres, las Hijas de la Caridad a uno, los Monfortianos a once seminaristas y un sacerdote... No sigo...

Después de colaborar en el Hospital Sacre Coeur, como vinieron muchos equipos médicos potentes y bien organizados de estados Unidos, Francia, Jamaica y dado que donde estoy alojada con mi tienda de campaña hay un grupo de religiosos que han venido de República Dominicana a colaborar, me integré en su grupo, que trataba de llegar donde nadie había llegado. Decidimos llegar a la parte de la ciudad que sube por la montaña en una zona llamada Martisan. Es una zona de chabolas, de bloques que forran la montaña de una forma increíble. No hay acceso con coche, sólo hasta cierto punto, luego toca a pie. Nos dijeron que había muchos heridos arriba que no podían bajar al hospital por la dificultad de la bajada, y que llevaban dos semanas así. Empezamos el ascenso y yo me quedé aterrada. Todas las casas están destruidas y hay que escalar entre bloques, para subir. Pero la gente sigue ahí, encima de sus casas, muchos de ellos porque nos decían que debajo de las ruinas estaba su mujer, o sus hijos o su hermana, y no querían dejarlos. Empezaron a salir heridos por todas partes, sobre todo niños, cabezas con brechas sin curar, piernas rotas sin entablillar, brazos rotos o dislocados, heridas infectadas abiertas, eso de cerca. Si levantabas la vista ves dos colinas totalmente destruidas, como si una batidora las hubiera revuelto. Me quedé sin respiración. Bajé la mirada y sólo vi miradas tristes de niños heridos que seguían haciendo su vida como podían con esa brecha abierta o esa herida infectada. Bajamos a un hombre con la pierna gangrenada. Amputación segura, pensé yo, ya me lo sé. Un hombre paralítico, una mujer con la pelvis rota, una mujer embarazada de seis meses con amenaza de aborto y con el brazo roto.

Creo que estuvimos más de cuatro horas pasando por las casas haciendo curas, vimos a bastantes que necesitaban ir al hospital y bajamos a los que pudimos y que nos parecían más urgentes. No todos. Era demasiado difícil moverlos y no teníamos los medios para hacerlo bien.

Pedí ayuda a las Hijas de la Caridad y ellas llamaron a un grupo de bomberos españoles que vinieron para rescates difíciles y bajaron a otros tantos.

No me acostumbro a ver tantas casas destruidas, tanta gente durmiendo en la calle y en tiendas improvisadas con telas y palos.

Cuando me encuentro en mi tienda de campaña durmiendo sola, me digo a mi misma: Vaya cambio, Isa, antes vivías con tres personas en una casa tan linda, y estábamos tan a gusto las cuatro, y ahora estas sola en una tienda de campaña. Vivian a punto de ser operada del brazo, Middia recuperándose en su casa de su fisura de fémur y de todas las magulladuras tras estar cuatro horas bajo los escombros, Gardine superando la muerte de su hermano en la comunidad de Gros Morne... y yo aquí. ¿Cómo puede cambiar la vida en cuestión de un minuto? Sólo Dios sabe.

Las calles a partir de las seis de la tarde se cierran y se vuelven dormitorio.

La mayoría de edificios, escuelas e iglesias todavía tienen los cadáveres debajo y toda la ciudad sigue oliendo a muerte, aun despues de tres semanas.
Las filas de gente para recoger la alimentación del WFP con ayuda de los camiones de la ONU pueden ser de varias horas de espera o de varios kilómetros. Pero quiero que se diga que aunque lentamente y aunque aún no se llega a todas las zonas, se está haciendo bien y con orden. O por lo menos eso es lo que yo he visto. Puede haber algún disturbio, pero no fuera de la normalidad en estas situaciones. La gente está nerviosa y hambrienta, triste y desorientada. Pero aún faltan muchas zonas por repartir alimentos. Puerto Príncipe es tan grande...

Porque la segunda parte del terremoto es el hambre. La gente empieza a ponerse a veces violenta porque tiene hambre.

A mí ya no me extraña nada, he experimentado que el hambre te puede empujar a hacer cualquier cosa.

La otra parte es la búsqueda de cadáveres y levantamiento de edificios, aunque es muy lento, es horriblemente doloroso. El que tiene suerte llega a localizar a su familiar muerto. La mayoría no se reconocerán o ni siquiera se descubrirán porque son demasiados los días que han pasado y ya están descompuestos e irán a las fosas comunes o se mezclarán con la basura.

Mi casa está demasiado agrietada para entrar, está torcida, se han roto las tuberías y se ha hundido algo, de forma que las puertas ya no cierran. Fue suficientemente fuerte para salvarme la vida. Pero no podría seguir viviendo en ella para agradecérselo ni aunque me dijeran de arreglarla... tengo el miedo muy dentro. Aún escucho el crujir de ese momento.

Mi parroquia, Sacre Coeur, tiene 30 personas muertas debajo que tenían una reunión. Aún están ahí a día de hoy (tres de febrero). Conocía a bastantes de ellos.
Los alumnos que dejé debajo de la escuela a la que acudí primero también siguen ahí. El olor se siente en toda mi calle y en mi casa. No puedo mirar esa escuela sin que se me parta el alma. Creo que algo de mí se murió con ellos. Y no hay noche que no vea sus manos pidiéndome ayuda y gritándome... No hay noche que no vuelva a sentir el terror que sentí cuando se repetían las réplicas y luchaba entre mi seguridad y las súplicas de ayuda de los chicos de la escuela.

No quedan escuelas en Puerto Príncipe. Yo diría que se han derrumbado todas... al menos las más importantes, las de religiosos todas, si queda una no la conozco.

Se han derrumbado todos los ministerios, el palacio nacional y la catedral. También el Obispo ha muerto... con su pueblo. Todo eso ya lo sabéis por los medios de comunicación y mejor que yo. Pero descubrirlo conduciendo por las calles es otra cosa. Se descubren mejor las consecuencias de todo ello. Se piensan tantas cosas...

¿¿¿Qué futuro nos espera??? ¿¿¿Qué siente esta gente que lo ha perdido todo??? Ahora lo sé mejor que antes porque yo misma he perdido no todo, pero sí mucho. Nada se sabe mejor que cuando se vive en carne propia.

Y siento una tristeza inmensa. Aún no me siento con fuerzas para hacer nada. Me refiero a tomar decisiones. Es muy pronto. Me siento muy débil y poca cosa. No haría más que llorar...

Me gustaría deciros que estoy animada, que adelante, hay que seguir, que la vida sigue y hay que luchar... y todo eso... pero no puedo mentiros. Estoy derrumbada.

Me decís demasiadas cosas bonitas en vuestros correos que no sólo no me definen sino que hasta me duele leerlo porque no soy así. Y en medio de este desastre no me siento digna de recibir ni medio elogio.

Os agradezco vuestro apoyo y cercanía, vuestra solidaridad y cariño. Pero no sé si podéis comprender lo que me cuesta recibir esto en medio de tanto sufrimiento. Es como si yo recibiera un regalo mientras todo el mundo aquí sufre miseria, hambre y dolor... No puedo. Yo sólo veo mi cobardía y mi debilidad. Y esa es la realidad.

También os tengo que reconocer que me cuesta rezar... me quedo callada delante de Dios y no sé qué decir... Espero lo hagáis por mí… porque a mí no me salen las palabras. Lo único que he sido capaz de repetir alguna vez es: ¡SALVANOS, SENOR!... ¡¡SALVA A TU PUEBLO!!

Gracias por todo. Un abrazo a cada uno

Isa Sola rjm

"Hola a todos,..

primero de todo, gracias por tanto apoyo... estoy viva, sí, de milagro... NO SÉ POR QUEEEÉ Y LO DIGO CON UNA RABIAAAA!!!  pero tanta gente está muerta que siento estoy muerta con ellos, no sé por qué estoy yo viva... me da rabia estar siempre entre los que tienen suerte... no sé qué quiere Dios de mí y de todo esto...

El terremoto me pilló en casa, en la sala de comunidad, con una religiosa a la que doy clase de español y con Gardine, la postulante. El temblor fue horrible, no nos manteníamos de pie y salimos como pudimos fuera y nos tiramos al suelo... el ruido era estremecedor... oímos un gran estruendo y una nube de polvo y casquetes cayó sobre nosotras... no sé cuánto duró, yo diría que unos 20 segundos o más. Cuando paró nos vimos cubiertos de polvo blanco... yo me di cuenta que la escuela de secundaria de al lado de casa se había caído, y gritos y gemidos y... la gente no sabía dónde ir, no sabía qué hacer, todo el mundo aturdido... yo que sé... no sé describir... pero pensé que en la escuela habría chicos dentro y entre. El polvo no me dejaba ver bien... pero vi varios chicos muertos y una mujer con las piernas cubiertas de bloques pidiéndome ayuda... la cabeza abierta... las piernas prácticamente cortadas pero no la pude sacar, pedí ayuda pero nadie hacía nada, la gente no sabía lo que hacer... debajo de los pisos que cayeron veía manos que salían pidiendo ayuda... por lo menos vi siete u ocho manos que se movían... me acerqué a tocarlas y a decirles que iba a ayudarles. Pero un nuevo temblor me hizo salir corriendo... tenía miedo de que más bloques cayeran sobre mí... miedo no, pánico... no sabía qué hacer, los chicos me pedían ayuda... y yo si volvía me ponía en riesgo... pero volví... no había espacio suficiente para que salieran... los bloques no les permitían salir... me fui a buscar un martillo a casa y volví a romper bloques... no tengo fuerza suficiente pero abrí un poco y conseguí que una chica muy flaquita saliera... todos me suplicaban que los sacaran... pero no pasaban por el agujero... era demasiado pequeño... solo esa chica se salvó... el piso terminó de caer y murieron... porque ya no los oí más....

La mujer de las piernas también murió al poco rato. Me fui por la parte de detrás... y encontré un chico metido de pie entre los bloques y los hierros. Me pidió  ayuda... estaba hundido y había muchos cables de hierro a su alrededor. Yo sola no podía llegar, había un bloque sobre el que corría peligro de caer... se movía y los temblores continuaban... salí varias veces corriendo con cada temblor pero el chico me llamaba y suplicaba que no le dejara. Le estiré por los brazos pero era imposible... era muy grande y estaba muy metido... los hierros no me dejaban llegar... me dijo que tenía las piernas rotas pero que le estirara... que si metía las manos y le sacaba los zapatos podría salir... me metí para sacarle los zapatos y me enganché con los hierros... pero se los saqué... un hombre nos vino a ayudar, me estiró a mí y luego le estiramos a él... las piernas totalmente rotas... aullaba de dolor... me fui a buscar el coche... y además de él metimos a tres más... todos desgarrados ensangrentados... todos gimiendo...

Caos en la ciudad, ningún sitio a donde ir... todo bloqueado. Los dejé en el hospital Sacre Coeur, en el patio, porque el edificio amenzaba ruina. No podía hacer más... algo harían por ellos...

No pudimos llegar a casa, todas las casas caídas, mi calle destrozada, nuestra parroquia en el suelo... las calles totalmente bloqueadas... dejé el coche en los Monfortianos... la iglesia también destruida... cadáveres por todas partes...

Caminé toda la noche en busca de Vivian que estaba en la otra punta de la ciudad. Cuando llegué a las 6 de la mañana se la habían llevado a otro sitio. Cogí un camión para llegar y seguir caminando... luego a buscar, a Middia... la encontré herida cerca de casa sin poder caminar, busqué el coche e intenté juntarnos a todas y ponernos a salvo... ningún hospital nos recibía... muertos por todas partes... inexplicable...

Después llegaron equipos de Estados Unidos para buscar vivos entre los escombros y recorrimos escuelas y universidades, no encontramos a nadie, el olor a muerto era insoportable... He trabajado en el hospital 5 días interminables... todos, todos, todos, con piernas y brazos amputados, cabezas abiertas... desangrados... hemos perdido a muchos sin poder hacer nada... Mi lucha estaba entre llorar o seguir aguantando por soportar el dolor de tanta gente... nos llegaban a treintenas... en camillas... 

Indescriptible...

Ayer dijimos que no podíamos más y vinimos a Gros Morne, a descansar un poco, y pensar juntas que hacemos...

No sé qué vamos a hacer... la vida ha cambiado para mí...

Gracias por vuestra solidaridad apoyo, cariño... todo eso me sostiene...

Isabel Solá

Religiosa de Jesús-María (RJM) desde Haití

Invitación de Taizé a orar por Haití el día 12 de cada mes

La iniciativa surge de un joven haitiano que estuvo de voluntario en Taizé

TAIZÉ, miércoles 27 de enero de 2010 (ZENIT.org).- A raíz de la sugerencia de un joven haitiano, la Comunidad de Taizé ha invitado a todos los que puedan a orar por el pueblo de Haití, ya sea individualmente o en grupos, el día 12 de cada mes, durante 12 meses, después del terremoto acaecido el 12 de enero.

El servicio de prensa de la comunidad de Taizé informó que, antes del 12 de febrero, se publicará en la web de Taizé una sugerencia de oración para usarla ese día.

El joven que ha propuesto la iniciativa fue voluntario en Taizé durante el verano de 2006. Ahora, ha destacado la importancia de la oración y asegura que los cantos de Taizé le dan “una fuerza y una confianza que jamás podía haber imaginado”.

“Ya no sé distinguir entre la vida y la muerte -escribe-. Pero Dios es grande y, como es amor, ya está preparado su plan de amor”.

Por otra parte, el obispo Pierre Dumas, amigo cercano de Taizé y presidente de la red de entidades de caridad católicas de Haití, transmitía palabras de esperanza el 21 de enero.

“Creo que nuestro amor y la manera como afrontemos esta crisis nos ayudarán a mejorar nuestra humanidad, para ser más generosos, abiertos a los demás y disponibles, porque las formas simbólicas de nuestra convivencia se han destruido”, afirmó.

Y continuó: “Todos los símbolos que nos unían: la catedral, el palacio presidencial, ministerios, las escuelas, casas de comunidades religiosas y muchos otros lugares, se han derrumbado”.

Para monseñor Dumas, “ahora tenemos que construir de nuevo para vivir juntos; debemos hacerlo de una manera que elimine los prejuicios y la discriminación”.

Y concluyó: “Esto no significa reconstruir las cosas como estaban antes, porque podemos construir un Haití mejor, donde la persona está en el centro de todo”.

 

El víacrucis de los misioneros en Haití


“El Señor estoy seguro que nos acompaña, aún en el misterio del mal y el dolor”
MADRID, lunes, 18 enero 2010.- Las Obras Misionales Pontificias (OMP), la agencia Fides y otros organismos religiosos han comunicado la situación de los misioneros que viven en Haití. Algunas congregaciones han sufrido pérdida de vidas humanas, aunque la mayoría sólo han tenido daños materiales.

El padre jesuita Ramiro Pàmpols comunicó a las OMP: “Estamos por el momento, sumidos en una especie de caos y de callejón sin salida. Veremos cómo nos vamos rehaciendo en los próximos días. El Señor ama especialmente a los pobres y estoy seguro que nos acompaña, aun en el misterio del mal y del dolor”.

La Congregación del Espíritu Santo, por via e-mail, ha recibido noticias de que parte del colegio espiritano de San Marcial y la capilla han sido destruidos por el terremoto. “No sabemos si ha habido pérdidas de vidas humanas entre los espiritanos haitianos o de nuestros misioneros que allí trabajan”.

También los franciscanos, a través del ministro provincial de Centroamérica comunican: “Todos ellos --16 hermanos distribuidos en 3 fraternidades-, están vivos. Una de las casas, la Casa de San ha quedado muy dañada. Necesita ser reconstruida. Los hermanos necesitan de nuestra solidaridad para asegurar ayuda sanitaria a la población en el dispensario donde trabajan”.

Sin embargo, un sacerdote argentino de la Orden Franciscana que trabajaba como misionero en Haití desde hace dos años se encuentra entre los desaparecidos por el terremoto, según informó su hermano a una televisión local. La familia de Antonio Mancuello, de 57 años, no ha sabido nada de él desde que se produjo el desastre, explicó su hermano Martín al canal de noticias argentino C5N.

Los javerianos, que tienen varios centros en Haití, han informado que ninguno de sus hermanos ha fallecido en el terremoto. Se trata de religiosos norteamericanos, como los hermanos Harry Eccles y Michael McCarthy, que atendían un orfanato. Alguno de los edificios ha sufrido daños.

Desde el monasterio benedictino de Morne Saint-Benoît, un hermano hizo llegar al secretariado de la Orden Benedictina subiacense un mensaje en el que informa que en el monasterio, que ha aguantado bien la sacudida, no hubo fallecidos.

El sacerdote salesiano Attilio Stra, uno de los supervivientes, señaló por correo electrónico que los más de 200 alumnos (algunas fuentes hablan de 500) del destruido colegio de Don Bosco en Puerto Príncipe “se deben considerar como muertos junto con algunos del personal laico”. La oficina de prensa de los salesianos señaló que el padre Stra afirmó que el terremoto acabó con “la obra San Juan Bosco de Puerto Príncipe y las pequeñas escuelas de Padre Bonhem confiadas a los salesianos”.

Así mismo, se informó que durante el sismo el también sacerdote salesiano, padre Olibrice Zucchi, logró salvarse al lanzarse “por una ventana de la oficina en la cual estaba trabajando”. El 15 de enero se celebraron los funerales de dos estudiantes post novicios de filosofía, Atsime Wilfrid y Vibrun Valsaint, muertos con la destrucción del Instituto “San Francisco de Sales” en Fleuriot-Tabarre, Puerto Príncipe.

La agencia Fides recibió la noticia de que “los cinco seminaristas camilianos han regresado a nuestra casa, están bien y ya están trabajando en nuestro hospital”, según comunicó el superior de la comunidad camiliana de Puerto Príncipe, padre Crescenzo Mazzella, al padre Antonio Menegon de la Secretaría Misiones Camilianas de Torino.

“Nuestro hospital está en un discreto estado y funciona a pleno ritmo: ya han sido curados y dados de alta más de 500 heridos; al momento hay unos cien, que ocupan todo espacio posible –cuenta el padre Menegon--. Llegan en continuación heridos, con fracturas, hemorragias, traumas internos. Actualmente, acomodados bajos los pórticos, en los patios del hospital, hay cientos de enfermos. Aquí trabajan día y noche solo 3 médicos y 5 enfermeros, además de todos los miembros de la comunidad”.

Según afirma otro religioso, el padre Joaquín Paulo Cipriano, todos los niños que frecuentan la escuela camiliana están vivos, y la estructura ha resistido los movimientos, los edificios del hospital han sido ligeramente dañados, sólo el depósito de agua corre peligro. El hospital trabaja a ritmo pleno, llegan heridos y moribundos que son tratados sin el auxilio de anestésicos pues estos se han acabado, afirma el padre Cipriano.

La Curia general de los Jesuitas envió a Fides la carta del padre François Kawas, delegado del padre provincial. En conjunto las casas y las obras de los Jesuitas han sido afectadas menos que las demás, y todos los Jesuitas han sobrevivido el sismo y están sanos y salvos, menos el padre Dérino Sainfariste, herido durante el derrumbe de un edificio.

Los Misioneros Oblatos de María Inmaculada cuentan con unos 130 miembros, de los cuales dos obispos, la mayor parte haitianos. El terremoto ha dañado seriamente la sede de la casa provincial mientras la nueva construcción, que estaba junto a ésta, se derrumbó. El superior provincial, Gaspar Joint, comunicó que también el teologado ha sido destruido. Felizmente los formadores y los estudiantes que se encontraban en ese momento en el edificio se salvaron. Los otros estudiantes OMI estaban en el Centro de estudio para religiosos, Cifor, participando en una conferencia, el edificio se derrumbó y uno de los estudiantes oblatos falleció, se trata de Weedy Alexis, 28 años.

La Congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC), presentes en Haití con 49 religiosas, ha sufrido mucho. Sor Louise Denis, superiora general, declaró a Fides: “Logré hablar con nuestras hermanas un día después del terremoto y, gracias a Dios, están todas bien. Lamentablemente los daños a los edificios son enormes. Las hermanas están acampando fuera por temor a un derrumbe. Estamos profundamente conmovidas con todo lo que está sucediendo... Rezamos al Señor para que acompañe a las víctimas, y para que la ayuda que está llegando pueda de algún modo aliviar el sufrimiento de las víctimas”.

En Puerto Príncipe, las Hijas de María Auxiliadora (FMA) cuentan con seis comunidades. En algunas comunidades se han producido daños considerables. Una joven religiosa se encuentra herida en un hospital.

“Es la hora de las lágrimas, hay desolación por todas partes”, escribe el padre Maurice, sacerdote monfortiano. La congregación tiene en Haití una docena de comunidades en las que trabajan unos 50 sacerdotes religiosos. A ellos se agregan unos 20 estudiantes.

Según las informaciones enviadas a Fides por el padre Alfio, de la Secretaría provincial de los Misioneros Montfortianos, nueve seminaristas han muerto y se teme la suerte de un sacerdote, el padre Jean Baptiste. Probablemente fue aplastado por los bloques de cemento de la casa de acogida de Baussan, que se desmoronó cuando el sacerdote trataba de salir.

Los nueve seminaristas, ocho teólogos y otro seminarista recientemente llegado del Perú, estaban participando en una conferencia en el Cifor (Instituto de estudios para los religiosos y las religiosas), cuando la estructura se desmoronó sobre el autobús que ocupaban mientras se aprestaban a dejar el lugar: fueron así aplastados por las placas de cemento y fue imposible intervenir.

Tres religiosas de la Congregación de las Hijas de la Sabiduría, de la familia Montfortiana, fallecieron en la casa de acogida en Carrefour, que se derrumbó por el terremoto: sor Marie-Flore de St Cyrille, sor Marguerite du Calvaire y sor Christine-Marie de Montfort (francesas, en misión desde hace más de 40 años). Las tres fueron enterradas el 15 de enero. Otras tres religiosas permanecen aún bajo los escombros de la misma casa y hay pocas posibilidades de encontrarlas aún con vida.

El padre Joseph P. Dorcey, secretario general de la Congregación de los Redentoristas, envió a Fides un informe. Según las informaciones del padre Mario Boies, superior provincial, “ningún redentorista ha muerto por el terremoto. Todos están vivos. Un redentorista ha quedado levemente herido. Otro ha perdido a su madre y a su hermana. La iglesia de San Gerardo de Puerto Príncipe ha sido reducida a escombros. La parte nueva de la casa de los estudiantes ha sido destruida y los estudiantes viven ahora en el jardín. La escuela parroquial San Gerardo, inaugurada el pasado 13 de diciembre, se ha derruido atrapando a 300 personas entre niños y profesores”.

El secretario general de los Padres Dominicos, refirió a Fides una reciente comunicación con el padre Manuel Rivero, vicario de Haití. En Haití trabajan siete dominicos, y todos están vivos. La Familia Dominica cuenta también con la presencia de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen, que tienen dos casas en Haití. Una de las hermanas ha quedado herida y las demás han sido salvadas del terremoto que destruyó completamente una de sus casas.

El padre Manuel Rivero refirió que el día 15 lograron extraer de los escombros el cuerpo de uno de los estudiantes de la escuela administrada por los dominicos, y a transportar el cuerpo a pie, porque las calles están completamente bloqueadas. Muchos otros supervivientes han sido acogidos en la casa de las Hermanas de Cluny, que ha resistido el terremoto.

 

P. MANUEL RIVERO, vicario provincial de los DOMINICOS desde Haití

Puerto Príncipe, 18 de enero 2010, 8.30 h

Hola,

La tierra sigue temblando. Las sacudidas recuerdan la angustia de todos aquellos que vivieron el trauma del 12 de enero.

Muchos cadáveres fueron retirados de las calles, pero muchos otros los han sustituido. El sábado por la tarde en Petionville vi un cadáver en llamas. Signo de la rebelión contra las epidemias y el miedo.

Muchos barrios se han colapsado totalmente. El corrimiento de tierra barrió casi todas las casas de un vecindario.

Se ve menos de lo habitual a la policía y las fuerzas de las Naciones Unidas. También ellos lo han sufrido en sus corporaciones y sus familias. Son pocas las familias en que no hay muertos, desaparecidos o lesionados.

Algunos me preguntan, "¿Qué pasa con los sacerdotes y monjas en estos momentos? La Iglesia también lo ha sufrido en su gente y sus edificios. Ayer, domingo, muy pocos cristianos pudieron celebrar la misa en Puerto Príncipe. Aquí, en Santa Rosa de Lima, donde cada domingo se reúnen cinco personas para alabar a Cristo resucitado, la capilla se derrumbó. Hemos celebrado la Misa con las monjas y algunos laicos en el patio del colegio. La iglesia del Sagrado Corazón, parroquia importante que reúne a miles de personas, está en ruinas. La catedral está inutilizable. La Parroquia de San Luis Rey de Francia ya no es capaz de acomodar a los fieles. El Padre Jean-Baptiste, monfortiana, maestro de novicios, murió el martes.

En cuanto a las escuelas, la Escuela Santa Rosa de Lima ha sido gravemente dañada. Su reconstrucción y hacerla segura llevará tiempo. El noviciado de las Hermanas de Cluny, ya no puede ser habitado. El techo se derrumbó, sin víctimas, gracias a Dios. Otras escuelas están totalmente destruidas o inutilizables. Muchos sacerdotes y monjas han muerto. Todos cuidan de los heridos de la congregación, y de los laicos cercanos. El Colegio de San Luis Gonzaga, una institución católica de prestigio en Puerto Príncipe, también se ha derrumbado. Un hermano de la congregación (Hermanos de la Educación cristiana) ha muerto y otro está bajo los escombros. La Escuela Rosalie Jaovuhey -yo soy también el capellán-, cerca de la barriada de San Antonio se está agrietando.

Las casas en el barrio están unas sobre otras. Desolación! Varios niños con los que hablé la semana pasada han muerto y han sido enterrados. ¡Qué triste es ver la vida, la alegría y la belleza enterradas en minutos y ver cómo se extiende el perfume de la muerte!.

Muchas personas están alojadas en escuelas y parroquias católicas, especialmente por la noche, y nosotros todavía dormimos al aire libre. Los alimentos son limitados y las congregaciones no tienen stock para alimentar a cientos de miles de personas. Sólo los Estados y las organizaciones internacionales pueden hacerlo. En cada institución católica se distribuyen alimentos y, siempre que es posible, se trata a aquellos que tienen lesiones menores por las hermanas o médicos amigos.

¿Fe en esta prueba? Una monja perdió bajo los escombros a su hermana embarazada y a su sobrina. Ella no para de exclamar: "¿Por qué, por qué?”. El misterio del sufrimiento nos lleva a Cristo, que no vino a explicar el problema del mal, sino a vencerlo y vivirlo. Sin embargo, la oración sigue siendo valiosa. Algunos atribuyen esta calamidad a un castigo divino o a un pacto con el diablo. Jesús nunca envió la enfermedad o la muerte a sus contemporáneos. Los cristianos no deben temer más al demonio tras la resurrección de Cristo.

Nuestros lugares de enseñanza teológica y la capellanía han sido casi todos destruidos o seriamente dañados: CIFOR , centro de formación teológica para religiosas, el seminario mayor, el Colegio de Santa Rosa de Lima ... Hay que reconstruirlo todo. Hay necesidades inmediatas de alimentos y agua. Existe el reto de la reconstrucción del país y concretamente las iglesias, escuelas y centros de formación teológica.

Confiamos en vuestras oraciones, con mis hermanos dominicanos, reitero mi agradecimiento.

P. Manuel Rivero O.P.

Vicario Provincial

Escuelas Católicas - C/Hacienda de Pavones, 5 - 1º - 28030 Madrid - Tfno: 91 328 80 00/18 escuelascatolicas@escuelascatolicas.es